¿Nos están programando?

Saturno mandará un pulso hexagonal.
Preguntarás ¿por qué?
Te voy a contestar:
nos están programando.

“El día a día de mi psicopatía”. Fangoria. Miscelánea de canciones para robótica avanzada (2017).

¿Somos capaces de aceptar un nuevo régimen totalitario?

Los recuerdos contados por DeFred, la protagonista de “El cuento de la criada” de Margaret Atwood, nos permiten conocer los inicios de la nueva sociedad llamada Gilead.

Lo que más sorprende, a priori, es leer con qué facilidad asume la población (es este caso estadounidense) el advenimiento gradual del totalitarismo.

“[…] En ese momento culparon a los fanáticos islamistas. Hay que conservar la calma, aconsejaban por la televisión. Todo está bajo control.”

“[…] Fue entonces cuando suspendieron la Constitución. Dijeron que sería algo transitorio. Ni siquiera había disturbios callejeros. Por la noche la gente se quedaba en su casa viendo la televisión y esperando instrucciones.”

Y con qué facilidad se acostumbra la población a la falta de libertad para conseguir seguridad (real o no).

“[…] Ya estábamos perdiendo el gusto por la libertad, nos parecía que estas paredes eran seguras.”

En el libro de Margaret Atwood también podemos leer algún ejemplo de lo que Julio Anguita llama “la moral del esclavo”. Cuando alguien defiende a quien le explota, al que defrauda o a la clase política corrupta, “ha llegado al nivel más bajo al que puede llegar un ser humano: bendecir la porra que le golpea, besar las botas que lo pisan”.

“[…] Sois una generación de transición, decía Tía Lydia. Es lo más duro. Sabemos cuántos sacrificios tendréis que hacer. […] Será más sencillo para las que vengan después de vosotras. Ellas aceptarán sus obligaciones de buena gana.”

Creo que ahí está la respuesta a la pregunta con la que iniciaba esta entrada: ¿Somos capaces de aceptar un nuevo régimen totalitario? Sí, con el debido tiempo y la necesaria programación.

En la novela “Nos mienten” de Eduardo Vaquerizo podemos ver un ejemplo. La historia tiene lugar a mediados del siglo XXI en Madrid, donde las corporaciones han sustituido a los estados y el centro de las grandes ciudades son fortalezas tecnológicas donde viven los ricos.

En la sociedad descrita están acostumbrados a padecer atentados terroristas diarios. Pero Nora, la protagonista, descubre que uno de esos atentados es falso. No se ha producido. ¿Buscan, entonces, crear y mantener un estado de miedo?

Un miedo artificial que sirve para que, llegado el momento, nadie dude en aceptar lo que ahora rechazaría. Y claro, viendo últimamente las noticias me pregunto: ¿Nos están programando ya? ¿Estamos tan lejos de aquello que nos narra DeFred?

Ser mujer en Gilead, la sociedad descrita en “El cuento de la criada” de Margaret Atwood.

 

En Gilead, la república teocrática en la que se convierten los Estados Unidos tras el atentado terrorista en el que asesinan al presidente y a todos los congresistas del país, la jerarquía social es muy estricta y cerrada.

Toda la estructura se basa en textos de la Biblia, que siempre favorece al heteropatriarcado, claro. Y las mujeres quedan sometidas a las necesidades de los hombres (por ende, la sociedad entera).

Sus funciones se dividen tal que así:

  • Criadas: Mujeres que aún tienen capacidad reproductora. En el libro se especifica que se ha llegado a un momento en el que casi no hay nacimientos y muchos de los bebés presentan deformaciones genéticas. Esto es consecuencia de la exposición a los residuos radiactivos y nucleares. Las Criadas viven en casa de los Comandantes, encargados de fecundarlas mediante un ritual de violación legalizada.
  • Esposas: Mujeres que no tienen capacidad reproductora, pero pertenecen a la alta sociedad. No hacen nada más que supervisar la casa de sus maridos, los Comandantes. Deben estar presenten mientras su marido copula con la Criada.
  • Marthas: Mujeres encargadas de las tareas domésticas. Tampoco tienen capacidad reproductora.
  • Tías: Mujeres encargadas de formar a las Criadas para que acepten su función social.
  • Prostitutas: Mujeres que son esclavas sexuales de los Comandantes. Aunque la sociedad no permite esta práctica.
  • No-Mujeres: Aquellas que no tienen capacidad reproductora y, además, por sus ideas o comportamientos pueden ser “peligrosas”. Viven apartadas en zonas donde gestionan los residuos de la sociedad, lo cual les genera enfermedades que les provocan la muerte prematura.

Este libro se suele etiquetar como distopía o ciencia-ficción especulativa. Es decir, la autora reflexionó sobre el pasado y el presente de la sociedad de su época (1984) para establecer, teóricamente, un futuro posible. Y aquí que me pregunto: ¿Estamos tan lejos de tratar a las mujeres como en Gilead?

  • Criadas: Los vientres de alquiler son una opción de la que se habla cada vez más para intentar normalizarla. Por ejemplo, se usan eufemismos como “gestación subrogada” para añadir al debate un matiz más científico y eliminar las connotaciones económicas. Por supuesto, una mujer rica (Esposa en Gilead) no alquilará su vientre. Solo lo harán las mujeres con pocos recursos. (Nota mental: debo buscar datos socio-económicas de las mujeres que estadounidenses que se someten a estos tratamientos).
  • Esposas: Mujeres abnegadas que dedican su vida al bienestar de sus maridos. Mirad esta noticia de 2015 donde se afirma que “un 52,6% de las adolescentes cree que en una relación el hombre debe proteger a la mujer”.
  • Marthas: Mujeres encargadas de las tareas domésticas. Creo que no hace falta añadir más.
  • Tías: Esta función la desempeña la sociedad en su conjunto. Revisad el enlace anterior.
  • Prostitutas: El debate sobre la prostitución solo se centra entre los argumentos a favor y en contra de legalizarla. Te tachan de utópico si planteas que se deje de tratar a cualquier persona como objeto/mercancía y, por tanto, fijarle un precio. Supongo que tiene que ver con la aceptación de los vientres de alquiler.
  • No-Mujeres: Una mujer que decide no ser madre debe preparase para ser juzgada por la sociedad y soportar comentarios como: ¿Y tú para cuándo?, una mujer no está completa hasta que es madre, o las mujeres sienten el reloj biológico y tienen instinto maternal.

La imagen de cabecera es un detalle de una ilustración de Anna y Elena Balbusso.