Ser mujer en Gilead, la sociedad descrita en “El cuento de la criada” de Margaret Atwood.

“The handmaid’s tale” (HBO).

En Gilead, la república teocrática en la que se convierte parte de los Estados Unidos tras un atentado terrorista en el que asesinan al presidente y a todos los congresistas del país, la jerarquía social es muy estricta y cerrada.

La estructura del nuevo estado se basa en textos bíblicos, favoreciendo siempre al heteropatriarcado, claro, y quedando las mujeres sometidas a las necesidades de los hombres (por ende, la sociedad entera).  

Sus funciones se dividen así:

  • Criadas: Mujeres que aún tienen capacidad reproductora. Casi no hay nacimientos y muchos de los bebés presentan deformaciones genéticas como consecuencia de la exposición a residuos radiactivos y nucleares. Las Criadas viven en casa de los Comandantes, encargados de fecundarlas mediante un ritual de violación legalizada.
  • Esposas: Mujeres que no tienen capacidad reproductora, pero pertenecen a la alta sociedad. Supervisan que todo esté en orden en la casa de sus maridos, los Comandantes, y sujetan a las Criadas en su regazo mientras son violadas por sus esposos.
  • Marthas: Mujeres encargadas de las tareas domésticas. Tampoco tienen capacidad reproductora.
  • Tías: Mujeres encargadas de educar -con descargas eléctricas y desmembramientos si es necesario- a las Criadas según los dogmas de Gilead para que acepten su función social.
  • Prostitutas: Mujeres que son esclavas sexuales de los Comandantes, aunque la sociedad no permite esta práctica.
  • No-Mujeres: Aquellas que no tienen capacidad reproductora y, además, por sus ideas o comportamientos pueden ser peligrosas. Viven apartadas en zonas donde gestionan los residuos de la sociedad, lo cual les genera enfermedades mortales.
Detalle de una ilustración de Anna y Elena Balbusso.

Este libro se suele etiquetar como distopía o ciencia-ficción especulativa. Es decir, la autora reflexionó sobre el pasado y el presente de la sociedad de su época (1984) para establecer, teóricamente, un futuro posible. Y aquí que me pregunto: ¿Estamos tan lejos de tratar a las mujeres como en Gilead?

  • Criadas: Los vientres de alquiler son una opción de la que se habla cada vez más para intentar normalizarla. Por ejemplo, se usan eufemismos como “gestación subrogada” para añadir al debate un matiz más científico y eliminar las connotaciones económicas. Por supuesto, una mujer rica (Esposa en Gilead) no alquilará su vientre; solo lo harán las mujeres con pocos recursos obligadas por necesidades económicas.
  • Esposas: Mujeres abnegadas que dedican su vida al bienestar de sus maridos. Mirad esta noticia de 2015 donde se afirma que “un 52,6% de las adolescentes cree que en una relación el hombre debe proteger a la mujer”.
  • Marthas: Mujeres encargadas de las tareas domésticas. Creo que no hace falta añadir más.
  • Tías: Esta función la desempeña la sociedad en su conjunto. Revisad el enlace anterior.
  • Prostitutas: El debate sobre la prostitución solo se centra en los argumentos a favor y en contra de su legalización. Te tachan de utópico si planteas que se deje de tratar a cualquier persona como objeto/mercancía y, por tanto, fijarle un precio. Supongo que tiene que ver con la aceptación de los vientres de alquiler.
  • No-Mujeres: Una mujer que decide no ser madre debe preparase para ser juzgada por nuestra sociedad y soportar comentarios como: ¿Y tú para cuándo?, una mujer no está completa hasta que es madre, las mujeres sienten el reloj biológico o ¿no tienes instinto maternal?

2 opiniones en “Ser mujer en Gilead, la sociedad descrita en “El cuento de la criada” de Margaret Atwood.”

  1. Atwood crítica en este libro algo de lo que tu comentas, el conformismo y adaptación de un gran número de mujeres a ese rol en segundo plano al que muchas veces se ve relegada.

    La verdad es que espero que nunca lleguemos a nada similar a lo que cuenta este libro y con el tiempo el papel de la mujer se vea acrecentado en todos los aspectos hasta alcanzar al del hombre.

    Saludos y muy buena entrada.

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