Por qué no me ha gustado ‘Stranger Things 2’.

Este fin de semana terminé “Stranger Things 2”. Tras ver tranquilamente sus nueve capítulos (no engullo capítulos como un Demoperro engulle chocolatinas) y reflexionar sobre ellos, puedo decir que no me ha convencido esta nueva temporada.

La nostalgia es una droga dura y adictiva.

Vivimos anclados en una retromanía vacía: recreamos (y nos recreamos en) el legado artístico de épocas pasadas pero sin matar al padre, como si diésemos por supuesto que no tenemos futuro. 

Existen, sin embargo, obras actuales como “The love witch” (Anne Biller, 2016) que toman la estética de subgéneros culturales pretéritos como la explotación erótica de los años 70 para ofrecer un artefacto que subvierte la mirada del hombre heterosexual.

Pero “Stranger Things 2” no sale de sus márgenes. La serie creada por los hermanos Duffer sigue enganchada a la nostalgia, sin poder superar su adicción a esa tristeza melancólica que nos provocan los recuerdos de los dichosos años 80.

Eleven en la primera temporada de “Stranger Things”.

Sin imágenes icónicas.

En la primera temporada, Matt y Ross consiguieron crear una imagen que perdurará en el imaginario colectivo: la que precede a este texto. Pero “Stranger Things 2” no me ha dejado ningún poso visual.

Los Duffer vampirizan todas esas escenas que marcaron su infancia ochentera (creadas por cineastas como Steven Spielberg o escritores como Stephen King) sin dejar una gota de sangre de la que puedan beber futuros creadores.

Nuevos personajes que no aportan nada.

Y, además, dan vergüenza ajena. Billy Hargrove, el hermanastro de Max, y el conspiranoico Murray Bauman no sirven para absolutamente nada. Na-da. Bueno sí, para conseguir hastiarte en cada escena que protagonizan. La trama seguiría intacta sin estos personajes.

A su vez, la nueva chica del grupo, Max, tampoco es que aporte mucho, pero como mínimo resulta simpática.

Maltratan a los mejores personajes.

Bob Newby “Superhero” es lo mejor que le ha pasado a “Stranger Things 2”. El nuevo novio de Joyce Byers (Winona Ryder) es una pieza clave en la trama. ¿Y qué hacen los hermanos Duffer con él? No lo voy a destripar, pero es indignante que le dediquen más tiempo a otros personajes más planos y maltraten de esa manera al bueno de Bob.

Además, la temerosa niña que nos enamoró en la primera temporada, la que descubría que la amistad es más fuerte que cualquier poder telequinético, está desaprovechada. Sus creadores la tienen dando tumbos en viajes de autoconocimento que no aportan ningún matiz nuevo al arco dramático del personaje interpretado por Millie Bobby Brown.

Testosterona y machismo.

Creo que la testosterona que llena las pelotas ochenteras de los hermanos Duffer ha sido el motor creativo para concebir “Stranger Things 2”. Esto explicaría el machismo garrulo de personajes como Billy y su ridícula escena con la señora Wheeler, que imagino es un homenaje al cine porno cutre con el que se pajeaban los Duffer.

Y como el heteropatriarcado manda, dos chicas no pueden formar parte del mismo grupo de chicos sin rivalizar por ganarse su amor. Los Duffer enemistan a Eleven y Max sin siquiera ofrecerles una escena de reconciliación, privándolas de un mínimo gesto de sororidad.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *