“La quinta estación” de N. K. Jemisin es el primer volumen de una trilogía que promete ser fascinante.

N. K. Jemisin ganó el Premio Hugo 2016 a la mejor novela con “La quinta estación”, la primera parte de “La trilogía de la tierra fragmentada”. Y este año también ha ganado el mismo premio con el segundo volumen titulado “El portal de los obeliscos”. El 25 de enero 2018 la editorial Nova/Ediciones B lo publicará en castellano y ya estoy contando los días.

“La quinta estación” se desarrolla en un planeta (que podría ser la Tierra) en el que solo existe un supercontinente, La Quietud, asolado por constantes movimientos sísmicos que pueden provocar periodos catastróficos llamados “quintas estaciones” por los habitantes del mundo. 

Estas terribles etapas pueden provocar la desaparición de poblaciones enteras, por lo que los seres humanos han desarrollado la capacidad de supervivencia antes estos eventos naturales. Durante años han recopilado una serie de normas para sobrevivir a estos terremotos, creando una doctrina llamada “litoacervo”. En los últimos siglos, el Antiguo Imperio Sanze ha sido capaz de sobrevivir a varias de estas estaciones y domina el mundo.

Además, esta necesidad de adaptación al medio ha hecho evolucionar genéticamente al ser humano. Así, un pequeño porcentaje de la población ha mutado y posee la “orogenia”, la capacidad de sentir los movimientos del planeta. Los orogenes (los humanos evolucionados) son utilizados para controlar las energías naturales, pero a su vez son repudiados por el temor que provocan sus fuerzas.

Los distintos capítulos del libro van alternando las historias de tres orogenes: Essun que, conmocionada por el asesinato de su hijo menor a manos de su marido tras descubrir su naturaleza, inicia un viaje para vengarse y recuperar a su hija mayor. Damaya, una joven que es reclutada por el Fulcro, la organización que instruye a los orogenes, tras ser repudiada por su familia. Y Sienita, orogén tetranillada (rango dentro del Fulcro según la capacidad de control de la orogenia) a la que le asigna la tarea de engendrar con un decanillado y acompañarle en distintas misiones. En el último tercio del libro se descubrirá la relación que une a estos tres personajes.

Con este fondo, N. K. Jemisin se enfrenta al reto de plasmar los miedos y esperanzas de nuestro presente de una forma original, sin caer en obviedades, e insertados en la narración de un modo natural, sin énfasis.

Racismo.

En el libro aparecen personajes con distintos colores de piel y peculiaridades físicas que solo se deben a la latitud de la que provienen, pero no condiciona su status dentro de la comunidad. Aunque existe un canon marcado por el Antiguo Imperio Sanze que gobierna el mundo.

Los poderes de los orogenes alimentan su discriminación y persecución; se encuentran injustamente subordinados y son utilizados para asegurar la supervivencia de la población. Es el miedo al diferente, se teme su superioridad evolutiva. En esta parte, el libro comparte la idea con la que sorprendió Jordan Peele con su película “Déjame salir” (Get out, 2017).

Diversidad sexual.

En la mayoría de obras actuales se suele mostrar con afectación cualquier relación que no sea entre dos personas heterosexuales. Sin embargo, la autora estadounidense introduce en su narración triángulos amorosos y distintas opciones sexuales con la naturalidad que debería ser la norma en todas las creaciones artísticas de nuestro siglo.

Empoderamiento de las mujeres.

En “La quinta estación” no aparece ningún personaje masculino heterosexual. Las protagonistas principales son mujeres que (¡lo más importante!) no toman las actitudes y comportamientos que se suponen propias de los hombres para empoderarse, como hace por ejemplo el personaje de Uma Thurman, La novia, en Kill Bill.

El estilo usado por N. K. Jemisin.

Lo más impresionante del libro es la capacidad de la autora para crear ese mundo que se rige por el “litoacervo”. Y como todo universo nuevo, la obra está llena de palabras nuevas como “sesuna”, “comu”, “lomocurtido”, “orogenia” o “portabastos”. Un glosario de términos que la autora ha tenido a bien de recopilar al final del libro. Aunque estas definiciones casi son innecesarias, pues N. K. Jemisin tiene la capacidad de crear un contexto en el que son perfectamente inteligibles.

En este punto, cabe destacar el gran trabajo de traducción al castellano que ha realizado David Tejera Expósito, pues imagino que no habrá sido una tarea sencilla.

Esta primera parte de “La trilogía de la tierra fragmentada” termina con una pregunta que te deja al miel en los labios y una ganas enormes de devorar el resto de libros. 

El portal de los obeliscos (La Tierra Fragmentada 2).

Autora: N. K. Jemisin.

Sello: NOVA/Ediciones B, 2018.

Traducción: David Tejera Expósito.

(La fotografia de cabecera es de Jordi Cotrina).

 

 

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