‘La maldición de Hill House’: ¿por qué no habré leído antes a Shirley Jackson?

Fotograma de la película ‘The haunting’ (Robert Wise, 1963)

En octubre me sumé a #LeoAutorasOct, una iniciativa que promueve la lectura de obras escritas por mujeres. Una de las reglas que me impuse fue leer autoras inéditas para mi, por lo que una de las elegidas fue Shirley Jackson, cuentista y novelista estadounidense especializada en el género de terror.

Me decanté por “La maldición de Hill House” (The Haunting of Hill House, 1959), cuya historia arranca cuando el doctor John Montague decide realizar un experimento en la casa que da nombre al libro. La finalidad de dicha investigación es recopilar pruebas científicas sobre las perturbaciones psíquicas que suelen manifestarse en las casas encantadas. Reúne para ello a tres voluntarios que lo acompañarán durante los meses de verano: Theodora, Luke Sanderson y Eleanor Vance. 

El primer tercio del libro cuenta cómo llegan los personajes a Hill House, centrándose en el viaje completo que hace Eleanor desde la casa de su hermana y su cuñado. Esto nos permite conocer la personalidad de la protagonista marcada por su pasado: desde su adolescencia tuvo que cuidar de su madre enferma y apenas tuvo trato con otras personas. En el resto de la obra se narra la convivencia de los personajes y se describen los extraños incidentes que se viven en Hill House; manifestaciones paranormales que se vuelven cada vez más violentas y dirigidas a Eleanor.

Esta novela de Shirley Jackson tiene varios aspectos interesantes. El primero que destaca es la posición equidistante que mantiene la autora respecto a la existencia de fenómenos paranormales. Pese a que varios personajes creen fervientemente en la existencia de fantasmas, deja que sea el lector el que sentencie si los extraños sucesos de Hill House tienen una explicación racional.

Por otra parte, el constante uso del humor aligera la lectura y es un contrapeso a los momentos más tensos y dramáticos. Destacan los amenos diálogos de la parte central de la obra y el personaje de la señora Montague, cuya actitud en la parte final aporta momentos bastante divertidos.

Y un último punto a resaltar es el uso de un narrador omnisciente que toma el punto de vista del personaje de Eleanor -sus pensamientos, sus emociones- para describir al resto de personajes y la mayoría de los fenómenos que ocurren en Hill House.

Esta acertada decisión estilística de Shirley Jackson hace que, en muchas ocasiones, dudemos de si lo que sucede es real o fruto de la imaginación de Eleanor, cuyas reflexiones van enrareciendo la atmósfera de la novela hasta llegar a disociarse de la realidad que viven sus compañeros. Sin apenas darnos cuenta, Hill House parece adueñarse de su mente así como Shirley Jackson atrapa nuestra atención hasta un dramático desenlace que, por supuesto, no revelaré.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *