Quizá no sucediera lo mismo en todos los lugares del universo.

Tenían varias deformaciones innatas cuando hablaban de la vida. Una de ellas consistía en presumir que la vida compleja ocupaba un espacio mayor que la sencilla. […] En la Tierra, el proceso había tendido hacia animales cada vez más grandes y complejos.

Mas, quizá no sucediera lo mismo en todos los lugares del universo. […] Del mismo modo que la tecnología humana moderna había aprendido a fabricar cosas de un tamaño menor, quizá las presiones evolutivas ultraadelantadas condujeran hacia formas vivas cada vez menores.

“La amenaza de Andrómeda”. Michael Crichton. 1969. Editorial Planeta/Bruguera. Traducción de Baldomero Porta.

¿Nos están programando?

Saturno mandará un pulso hexagonal.
Preguntarás ¿por qué?
Te voy a contestar:
nos están programando.

“El día a día de mi psicopatía”. Fangoria. Miscelánea de canciones para robótica avanzada (2017).

¿Somos capaces de aceptar un nuevo régimen totalitario?

Los recuerdos contados por DeFred, la protagonista de “El cuento de la criada” de Margaret Atwood, nos permiten conocer los inicios de la nueva sociedad llamada Gilead.

Lo que más sorprende, a priori, es leer con qué facilidad asume la población (es este caso estadounidense) el advenimiento gradual del totalitarismo.

“[…] En ese momento culparon a los fanáticos islamistas. Hay que conservar la calma, aconsejaban por la televisión. Todo está bajo control.”

“[…] Fue entonces cuando suspendieron la Constitución. Dijeron que sería algo transitorio. Ni siquiera había disturbios callejeros. Por la noche la gente se quedaba en su casa viendo la televisión y esperando instrucciones.”

Y con qué facilidad se acostumbra la población a la falta de libertad para conseguir seguridad (real o no).

“[…] Ya estábamos perdiendo el gusto por la libertad, nos parecía que estas paredes eran seguras.”

En el libro de Margaret Atwood también podemos leer algún ejemplo de lo que Julio Anguita llama “la moral del esclavo”. Cuando alguien defiende a quien le explota, al que defrauda o a la clase política corrupta, “ha llegado al nivel más bajo al que puede llegar un ser humano: bendecir la porra que le golpea, besar las botas que lo pisan”.

“[…] Sois una generación de transición, decía Tía Lydia. Es lo más duro. Sabemos cuántos sacrificios tendréis que hacer. […] Será más sencillo para las que vengan después de vosotras. Ellas aceptarán sus obligaciones de buena gana.”

Creo que ahí está la respuesta a la pregunta con la que iniciaba esta entrada: ¿Somos capaces de aceptar un nuevo régimen totalitario? Sí, con el debido tiempo y la necesaria programación.

En la novela “Nos mienten” de Eduardo Vaquerizo podemos ver un ejemplo. La historia tiene lugar a mediados del siglo XXI en Madrid, donde las corporaciones han sustituido a los estados y el centro de las grandes ciudades son fortalezas tecnológicas donde viven los ricos.

En la sociedad descrita están acostumbrados a padecer atentados terroristas diarios. Pero Nora, la protagonista, descubre que uno de esos atentados es falso. No se ha producido. ¿Buscan, entonces, crear y mantener un estado de miedo?

Un miedo artificial que sirve para que, llegado el momento, nadie dude en aceptar lo que ahora rechazaría. Y claro, viendo últimamente las noticias me pregunto: ¿Nos están programando ya? ¿Estamos tan lejos de aquello que nos narra DeFred?

No lo menospreciéis.

“Hay más de una forma de ser libres, decía Tía Lydia. Puedes gozar de algunas libertades, pero también puedes liberarte de ciertas cosas. En los tiempos de la anarquía, se os concedían ciertas libertades. Ahora se os concede vivir libres de según qué cosas. No lo menospreciéis.”

“El cuento de la criada”. Margaret Atwood. 1985. Ediciones Salamandra. Traducción de Elsa Mateo Blanco.

Ser mujer en Gilead, la sociedad descrita en “El cuento de la criada” de Margaret Atwood.

En Gilead, la república teocrática en la que se convierten los Estados Unidos tras el atentado terrorista en el que asesinan al presidente y a todos los congresistas del país, la jerarquía social es muy estricta y cerrada.

Toda la estructura se basa en textos de la Biblia, que siempre favorece al heteropatriarcado, claro. Y las mujeres quedan sometidas a las necesidades de los hombres (por ende, la sociedad entera).

Sus funciones se dividen tal que así:

  • Criadas: Mujeres que aún tienen capacidad reproductora. En el libro se especifica que se ha llegado a un momento en el que casi no hay nacimientos y muchos de los bebés presentan deformaciones genéticas. Esto es consecuencia de la exposición a los residuos radiactivos y nucleares. Las Criadas viven en casa de los Comandantes, encargados de fecundarlas mediante un ritual de violación legalizada.
  • Esposas: Mujeres que no tienen capacidad reproductora, pero pertenecen a la alta sociedad. No hacen nada más que supervisar la casa de sus maridos, los Comandantes. Deben estar presenten mientras su marido copula con la Criada.
  • Marthas: Mujeres encargadas de las tareas domésticas. Tampoco tienen capacidad reproductora.
  • Tías: Mujeres encargadas de formar a las Criadas para que acepten su función social.
  • Prostitutas: Mujeres que son esclavas sexuales de los Comandantes. Aunque la sociedad no permite esta práctica.
  • No-Mujeres: Aquellas que no tienen capacidad reproductora y, además, por sus ideas o comportamientos pueden ser “peligrosas”. Viven apartadas en zonas donde gestionan los residuos de la sociedad, lo cual les genera enfermedades que les provocan la muerte prematura.

Este libro se suele etiquetar como distopía o ciencia-ficción especulativa. Es decir, la autora reflexionó sobre el pasado y el presente de la sociedad de su época (1984) para establecer, teóricamente, un futuro posible. Y aquí que me pregunto: ¿Estamos tan lejos de tratar a las mujeres como en Gilead?

  • Criadas: Los vientres de alquiler son una opción de la que se habla cada vez más para intentar normalizarla. Por ejemplo, se usan eufemismos como “gestación subrogada” para añadir al debate un matiz más científico y eliminar las connotaciones económicas. Por supuesto, una mujer rica (Esposa en Gilead) no alquilará su vientre. Solo lo harán las mujeres con pocos recursos. (Nota mental: debo buscar datos socio-económicas de las mujeres que estadounidenses que se someten a estos tratamientos).
  • Esposas: Mujeres abnegadas que dedican su vida al bienestar de sus maridos. Mirad esta noticia de 2015 donde se afirma que “un 52,6% de las adolescentes cree que en una relación el hombre debe proteger a la mujer”.
  • Marthas: Mujeres encargadas de las tareas domésticas. Creo que no hace falta añadir más.
  • Tías: Esta función la desempeña la sociedad en su conjunto. Revisad el enlace anterior.
  • Prostitutas: El debate sobre la prostitución solo se centra entre los argumentos a favor y en contra de legalizarla. Te tachan de utópico si planteas que se deje de tratar a cualquier persona como objeto/mercancía y, por tanto, fijarle un precio. Supongo que tiene que ver con la aceptación de los vientres de alquiler.
  • No-Mujeres: Una mujer que decide no ser madre debe preparase para ser juzgada por la sociedad y soportar comentarios como: ¿Y tú para cuándo?, una mujer no está completa hasta que es madre, o las mujeres sienten el reloj biológico y tienen instinto maternal.

La imagen de cabecera es un detalle de una ilustración de Anna y Elena Balbusso.

“Joyland”, una hermosa historia de Stephen King.

No sé cuántas veces se habrá usado el adjetivo hermoso para hablar de un libro de Stephen King, pero “Joyland” lo es; es un libro jodidamente hermoso. Y creo que uso bien el adverbio, porque las vivencias que nos cambian la vida son jodidas, pero las recuerdas con cariño si sabes afrontarlas.

En toda su obra, el autor de Maine se sirve del terror para hablar de la infancia, las relaciones familiares, las obsesiones personales o los males sociales. Pero no había leído un libro suyo donde el misterio fuese tan secundario, hasta el punto de no importarme saber lo que pudo haberle pasado a la joven asesinada.

Los libros no solo deben tener calidad para disfrutarlos. Además, deben llegarte en el momento adecuado. Y creo que esta lectura se disfruta más cuando ya has pasado la treintena. O sea, mi caso.

Stephen King narra las experiencias vitales que Devin Jones vivió el verano de 1973 mientras trabajaba en el parque de atracciones Joyland. La lectura, como todas las del autor de “Misery”, es muy fluida. Solo quieres seguir pasando páginas para disfrutar de la nostalgia de las amistades adolescentes, la desilusión del primer amor perdido, el descubrimiento del sexo, la enfermedad y la muerte.

Supongo que será la edad.

Hace un tiempo escuché hablar de Santiago Posteguillo y desde entonces tuve ganar de leer algo escrito por este autor.

Hace un par de tardes debía ir a la Biblioteca Municipal a devolver un libro (“Medio Rey” de Joe Abercrombie). Tenía varias lecturas apuntadas como pendientes, pero empecé buscando en los lomos las letras POS y encontré dos obras de Santiago Posteguillo. Opté por “La sangre de los libros”, pues en su contraportada leí “…nos guía en un magnífico viaje desde los discursos de Cicerón hasta las obras de Asimov por la historia más enigmática y sorprendente de la literatura universal”.

Y claro, al leer Asimov empecé a salivar. El libro es fascinante. Leyéndolo podréis conocer muchas anécdotas relacionadas con los autores y obras más importantes de la Literatura. Posteguillo las narra con tal maestría que no puedes soltar el libro. Juega con el lector a que descubra de qué autor habla, desvelando el nombre del protagonista de la historia casi al final de cada relato. Y termina casi siempre con una opinión personal que relaciona el pasado con el presente.

Pero de todo lo que leí, unos versos me emocionaron especialmente:

Al ver mis horas de fiebre
e insomnio lentas pasar,
a la orilla de mi lecho,
¿quién se sentará?

Cuando la trémula mano
tienda, próximo a expirar,
buscando una mano amiga,
¿quién la estrechará?

Cuando la muerte vidríe
de mis ojos el cristal,
mis párpados aún abiertos,
¿quién los cerrará?

Cuando la campana suene
(si suena, en mi funeral),
una oración al oírla,
¿quién murmurará?

Cuando mis pálidos restos
oprima la tierra ya,
sobre la olvidada fosa,
¿quién vendrá a llorar?

¿Quién, en fin, al otro día,
cuando el sol vuelva a brillar,
de que pasé por el mundo,
¿quién se acordará?

A leer esta composición de Gustavo Adolfo Bécquer recordé, sin saber por qué, otros versos de Jaime Gil de Biedma.

Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.

Supongo que será la edad.

De “El Marciano” de Andy Weir a “Los reyes de la arena” de George R. R. Martin.

No sé cuánta gente leerá los prólogos de los libros. Yo los leo. Muchos se usan como un herramienta más de marketing, aprovechando el renombre de quién lo escribe. Pero en estos casos, el contenido no suele aportar nada interesante; solo se centran en alabar al autor de la obra hasta niveles muy subjetivos.

Éste no es el caso del prólogo de “El marciano” de Andy Weir escrito por Miquel Barceló. El prologuista consigue aumentar las ganas por empezar a leer la aventura espacial de Mark Watney y, a su vez, te descubre nuevos autores y lecturas haciendo un reflexión interesante.

Y gracias a Miquel Barceló descubrí las obras de ciencia-ficción de George R. R. Martin. La primera que he conseguido leer es el relato “Los reyes de la arena” (Sandkings) y ¡joder, cómo escribe!

Supongo que un buen post debe servir para lo mismo que un buen prólogo: descubrirle a quien lee algo que aún no conocía y provocar que se pregunte por qué aún no lo ha leído. Así que espero que conforme cierres la pestaña de mi blog abras otra, entres en Google y teclees “George R. R. Martin Los reyes de la arena”.

Y apuntad dos recomendaciones más del prologuista:  la colección de relatos “Los viajes de Tuf” y el relato breve “Una canción para Lya”.