Black Mirror 4×03: “Crocodile”, enfrentarnos a nuestra moral.

Aviso: contiene destripes.

Algunas producciones audiovisuales revelan desde el principio el final dramático de sus personajes para animar al espectador a saber cómo han podido llegar a esa situación. O, como ya hizo Patricia Highsmith con Ripley, nos desvelan quién es el asesino. Así, solo nos queda acompañarlo en sus crímenes y ¿llegar a ser cómplices? ¿Justificar sus actos?

“Crocodile”, el tercer capítulo de la cuarta temporada de “Black Mirror”, empieza con un accidente del que la pareja responsable, tras atropellar mortalmente a un ciclista y tirar su cadáver a un lago cercano, queda impune por la ausencia de testigos. Después de varios años, las vidas de ambos han tomado rumbos distintos: ella es una arquitecta de éxito que ha conseguido vivir portando la carga de lo sucedido, pero él muestra arrepentimiento y quiere confesar. 

Así, la protagonista empieza una serie de asesinatos para conseguir mantener oculto el primero. Estos crímenes se incrementan por la aparición de una agente de seguros que busca esclarecer los detalles de un caso usando una máquina que permite mostrar los recuerdos de las personas.

La tecnología, como en la mayoría de episodios de “Black Mirror”, no es el eje central, sino mostrar de lo que es capaz de hacer el ser humano.  Ahí está la clave de “Crocodile”.

Como ya ocurría cuando leías “El talento de Mr. Ripley” de Patricia Highsmith, sigues la lógica de la asesina protagonista y cada muerte la consideras inevitable. Te preguntas: ¿Qué haría yo en su caso? ¿Destrozaría toda la vida que me he construido por algo que nadie sabe que hice?

Nos enfrentamos a nuestra moral personal y como sociedad. El valor material está por encima de muchas vidas, por lo que aceptamos esa espiral de crímenes como ineludible. Asumimos que la protagonista seguirá con los asesinatos sin contemplar la posibilidad de que pare. ¿Por qué? ¿Porque es lo que esperamos de “Black Mirror”?

La serie creada por Charlie Brooker no hace más que amplificar lo que ya somos. Entonces, ¿nuestro asenso ante lo que vemos es debido a que nosotros haríamos los mismo? Todos responderemos que no seríamos capaces de matar a tanta gente inocente para conservar todas las comodidades que hemos conseguido. Pero volvamos al principio: ¿confesarías un asesinato del que nadie sabe nada? 

Además, es sintomático que en pocos medios se destaque el final feliz de este capítulo. En la última escena, ella espera sentada entre el público que mira una representación escolar mientras la policía accede al recinto con intención de arrestarla. Moralmente termina bien la historia, pues se aplica la justicia.

“Crocodile” tiene una estructura que ya desarrollase, como he dicho, Patricia Highsmisth y, además, tiene algunos toques del cine de Alfred Hitchcock: el dentista mirón o el recepcionista del hotel que hace chanza del gusto sexual de los inquilinos. Y todo esto con una estética cercana al género negro nórdico.

Pese a todo, no me pareció de los mejores capítulos de esta temporada.

Black Mirror está disponible en Netflix.

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