Black Mirror 4×01: “USS Callister”, la libertad y sus consecuencias.

AVISO: no contiene destripes.

Por mucho que hablemos de dispositivos inteligentes, los poseedores de inteligencia seguimos siendo nosotros y, por tanto, somos quienes tenemos la capacidad para ejecutar la maldad. Porque un pensamiento maquiavélico requiere inteligencia.

Usamos las nuevas tecnologías como nuevas herramientas para seguir expresando nuestro odio. Quizás incluso debamos dar las gracias, pues calmar nuestras pulsiones virtualmente puede evitar que las expresemos en el plano real. Tal vez, poder matar avatares nos inhibe de asesinar como hacía Meursault en “El extranjero” de Albert Camus porque un día haga un calor canicular.

El primer episodio de la cuarta temporada de Black Mirror, con un guion escrito por Charlie Brooker y William Bridges que contiene muchos momentos de humor y dirigido por Toby Haynes con buen pulso, empieza con el capitán Robert Daly dirigiendo con convicción a su tripulación en la última misión de la nave interestelar USS Callister. Tras finalizarla con éxito, todos los presentes en el puente de mando estallan de alegría al grito de “porque es un chico excelente”. 

Después descubrimos que todo forma parte de Infinity, un juego al que se conectan millones de personas mediante una inmersión de su conciencia en un entorno virtual.

Robert Daly, ese chico excelente dentro de Infinity, es el creador y director técnico del videojuego, y uno de los cofundadores de Callister Inc., la empresa propietaria. Pese al rango que ostenta, dentro de la compañía es ninguneado por los trabajadores y su propio socio. La primera parte del capítulo muestra la aflicción provocada por su incapacidad para relacionarse socialmente: es el pringado del que se aprovechan todos para obtener beneficio personal.

El protagonista, como tantos otros en nuestra sociedad actual, hace uso del mundo virtual para suplir sus carencias emocionales descargando su odio sobre aquellos que lo rechazan en el plano real. Como ya vimos en WestWorld, calma su violencia en un entorno en el que se sabe exento de consecuencias.

Y aquí está la paradoja: Robert Daly se siente libre en un contexto en el que su conducta no le reporta resultados negativos según los principios que deben regir una sociedad. Pero la verdadera libertad debe estar basada en el conocimiento previo de las consecuencias de nuestros actos y su asunción.

Además, la libertad se ejerce entre iguales. Someter a otros no debe ser condición para hacer las cosas a nuestro albedrío, pues las personas humilladas se rebelarán. Robert Daly busca vías de escape para sublevarse en un mundo real que lo humilla; como después hace virtualmente su tripulación hasta llegar a lo que parece un final feliz.

Black Mirror está disponible en Netflix.

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