Reseña: ‘Alias Grace’, una muestra más de la genialidad de Margaret Atwood.

enero 21, 2018 by in Libros, Literatura, Opinión, Reseñas

Vuelvo a leerme un libro de Margaret Atwood motivado por su adaptación serial. Como hice con “El cuento de la criada”, leí “Alias Grace” antes de ver la serie que Netflix estrenó a finales de 2017 con el mismo título.

En julio de 1843 tuvieron lugar los asesinatos del señor Thomas Kinnear y Nancy Montgomery. Grace Marks,  la joven criada de la casa, y James McDermott, otro de los empleados, fueron acusados de los asesinatos. McDermott fue ahorcado y a Grace se le conmutó la pena capital por cadena perpetua.

Dieciséis años más tarde, un grupo de reformistas y espiritualistas que defienden la inocencia de Grace, contratan al Doctor Simon Jordan para ayudar a  Grace a recordar lo que pasó realmente. 

Pero esclarecer los hechos que rodearon los homicidios no es el objetivo de esta obra de Margaret Atwood. La protagonista narra toda su vida en las distintas sesiones que comparte con el Doctor Jordan. Una fuerte moralidad religiosa impregna la vicisitud narrada por Grace Marks: cómo protegía a sus numerosos hermanos menores de la violencia de su padre borracho; la malograda vida de su única amiga, Mary Witney; la llegada a la casa del señor Kinnear. Todos los acontecimientos desembocan en su testimonio sobre qué sucedió aquel día de julio, pero la respuesta de Grace no es la esperada.

Todas las versiones.

“Alias Grace” se construye con extractos de la prensa canadiense, estadounidense y británica que se hicieron eco de este suceso que provocó una gran conmoción social, poemas de la época, retales de las confesiones de McDermott, una voz en tercera persona y la voz en primera persona de Grace. Todas estas versiones se contradicen, se superponen, se complementan, rellenan vacíos, posibilitan nuevas interpretaciones; todas, finalmente, exigen que sea el lector quien juzgue.

Pero cómo juzgar solo los hechos en sí; cómo dictar sentencia sin enjuiciar a su vez toda la estructura social de la época. Una sociedad heteropatriarcal en en la que la opinión de las mujeres no es tomada en consideración. Y todavía menos si añadimos que la protagonista pobre.

La narración en primera persona de Grace nos permite conocer qué piensa y, a su vez, cómo se comporta y responde según lo que se espera de una joven mujer de su condición social.

Además, los hombres imponen sus palabras. Grace llega a afirmar que cuando fue apresada junto a McDermott pensó que contando su versión de los hechos sería absuelta. Sin embargo, en su confesión expone las explicaciones que le dicta su abogado, pues según él es lo que debió haber pasado, rechazando lo que ella recuerda.

Una escena que se repite.

Hay dos escenas de contenido metafórico que se enlazan para ejemplificar la hipocresía y el machismo de la sociedad. Al poco tiempo de llegar a la casa del señor Kinnear, Grace está limpiando la habitación principal cuando entra Nancy de mal humor para interrogarla. La estancia está decorada con varios cuadros y uno de ellos llama la atención de Grace. El ama de llaves le explica que es una copia de un famoso cuadro sobre el tema bíblico de Susana y los ancianos. Grace discute con ella, pues ha leído la Biblia y no conoce ese pasaje.

El señor Kinnear llega en ese momento para aclararles que pertenece a los Apócrifos. En ese libro se cuenta que Susana era mujer a la que unos viejos acusaron falsamente de hacer pecado con un joven, precisamente por negarse a cometer pecado con ellos. La hubieran lapidado si no llega a ser por la inteligencia de un abogado. Kinnear le pregunta a Grace por la moraleja del relato, a lo que ella responde que “una no tenía que bañarse en un jardín”.

Ella asume que la culpa siempre es de la mujer.

La segunda escena tiene lugar el día del cumpleaños de Grace. Nancy le da la tarde libre y decide irse a pasear sola por el bosque que rodea la propiedad. Durante un rato se que dormida apoyada en un tocón. Jamie Walsh, un joven ayudante del señor Kinnear, la despierta y la anima haciéndole una corona de flores. Finalmente, el chico ha de irse y le pide un beso. Grace que le responde que solo uno en la mejilla.

Esta escena entre ambos transcurre bajo las miradas del señor Kinnear y McDermott.

Cuando Grace vuelve a la casa es inquirida por ambos y por Nancy, los cuales le dan un sentido indecente a lo que ha ocurrido, volcando sobre la joven toda clase de sospechas. Grace concluye diciendo: “tuve la sensación de que aquella tarde no había sido mía en absoluto y que tampoco había sido un acontecimiento agradable y privado”.

Como Susana, Grace fue a bañarse sola en un jardín y, al final, el punto de vista de los hombres se impuso sobre sus actos, arrebatándoles su vida.

Por todo lo comentado, “Alias Grace” es sin duda uno de los libros que le recomendaré a mi hija cuando sepa leer.

“Alias Grace”. Margaret Atwood.

Editorial: Narrativa Salamandra.

Traducción: María Antonia Menini Pagès.

 

 

 

 

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