“Joyland”, una hermosa historia de Stephen King.

 

No sé cuántas veces se habrá usado el adjetivo hermoso para hablar de un libro de Stephen King, pero “Joyland” lo es; es un libro jodidamente hermoso. Y creo que uso bien el adverbio, porque las vivencias que nos cambian la vida son jodidas, pero las recuerdas con cariño si sabes afrontarlas.

En toda su obra, el autor de Maine se sirve del terror para hablar de la infancia, las relaciones familiares, las obsesiones personales o los males sociales. Pero no había leído un libro suyo donde el misterio fuese tan secundario, hasta el punto de no importarme saber lo que pudo haberle pasado a la joven asesinada.

Los libros no solo deben tener calidad para disfrutarlos. Además, deben llegarte en el momento adecuado. Y creo que esta lectura se disfruta más cuando ya has pasado la treintena. O sea, mi caso.

Stephen King narra las experiencias vitales que Devin Jones vivió el verano de 1973 mientras trabajaba en el parque de atracciones Joyland. La lectura, como todas las del autor de “Misery”, es muy fluida. Solo quieres seguir pasando páginas para disfrutar de la nostalgia de las amistades adolescentes, la desilusión del primer amor perdido, el descubrimiento del sexo, la enfermedad y la muerte.