“2001: Una odisea del espacio” y los últimos descubrimientos de los orígenes del Hombre.

El dos de abril de mil novecientos sesenta y ocho se estrenó “2001: una odisea del espacio”. La octava película de Stanley Kubrick supuso una revolución para la ciencia ficción. Hasta ese momento, el género tenía un enfoque más pulp, de Serie B, siguiendo la tendencia que marcaron las primeras obras literarias nacidas en publicaciones como “The Popular Magazine” o “Amazing Stories”. Filmes como “La rebelión de los planetas” (Queen of Outer Space, 1958),  “El mundo en peligro” (Them!, 1954) o la serie original de “Star Trek” que se estrenó dos años antes, en 1966.

Stanley Kubrick firmó el guion junto a Arthur C. Clarke, uno de los pilares de la Era dorada de la ciencia ficción, la etapa que se desarrolló a partir de la década de los cincuenta posterior a esa era pulp. Además, varias obras inspiraron a Kubrick en ese viraje hacia una ciencia ficción más rigurosa científicamente: el documental “Universe” (1960) y la película checa de ficción “Ikarie XB-1” (1963) . Y es que los autores de ciencia ficción habían empezado a introducir elementos más científicos a rebufo de la demandas de un público fascinado por lo avances de la carrera espacial.

Los primeros minutos de “2001: una odisea del espacio” arranca con el “El amanecer del Hombre”. Analizando las escenas de este primer capítulo podré comparar las teorías científicas dominantes en la época en que se estrenó la película y los descubrimientos de la últimos años del siglo XXI. 

En otro post, plantearé distintas posibilidades que traten de dar sentido a la función del popular monolito que aparece en esta obra. Es interesante, a su vez, comparar el tratamiento que se le da a este objeto en la película de Stanley Kubrick y en el libro homónimo escrito por Arthur C. Clarke.

Describo ahora las secuencias inaugurales de “2001: Una odisea del espacio”, que terminan en tres grandes hitos de la evolución humana.

Los hombres-mono (como los describe Arthur C. Clarke en su libro) buscan comida junto a otras especies herbívoras. Entre ellos identificamos a Moon-Watcher, el protagonista de esta primera parte.

En una secuencia posterior, vemos al clan de Moon-Watcher enfrentarse con otro grupo de hombres-mono para poder acercarse a un charco a beber. Ambos grupos se lanzan gritos y gesticulan violentamente separados por el charco.

Tras perder a uno de sus miembros por el ataque de un tigre, el grupo de hombres-mono pasa la noche resguardándose prudentemente de otros depredadores. Cuando amanece, descubren el monolito. Su instinto de supervivencia les dota de cautela para no acercarse a ese gran rectángulo negro, pero su necesidad por descubrir y buscar alimentos les alienta a investigar qué es. Finalmente, terminan hipnotizados por alguna fuerza emitida por el monolito que los atrae a él.

En la siguiente escena, Moon-Watcher busca comida entre los restos óseas de algún animal muerto. Esos restos nunca le habían llamado la atención, pues no tenían comida. Pero algo se activa en su mente tras el contacto con el monolito. Vemos entonces una de las secuencias más icónicas de “2001: una odisea del espacio”: Moon-Watcher examina brevemente un largo hueso y, filmado en leve contrariado para ampliar la magnificencia de su acción, empieza a destruir con fuertes golpes todos los huesos a su alrededor. Kubrick, además, inserta planos de animales cayendo muertos. ¡El hombre-mono acaba de descubrir la primera herramienta de la Humanidad! Aquí vemos el primer gran hito de la evolución de nuestra especie.

Los miembros del clan de Moon-Watcher aprenden a usar los huesos para matar animales y comer carne. Este segundo gran hito evolutivo proveerá a nuestro cerebro el aporte calórico que necesita para aumentar su tamaño y, por tanto, nuestra inteligencia.

El tercer hito evolutivo que muestra la película de Kubrick es la bipedestación. El grupo de hombres-mono que ya usa herramientas se sostiene solo sobre sus piernas traseras para poder, precisamente, sujetar esas herramientas. En la escena final de este primer capítulo de la película, vemos una nueva pelea por el agua. En esta ocasión, el clan bípedo usa los huesos como arma para matar a un hombre-mono de otro clan, descubriendo que la violencia les sitúa en un estatus superior. Este escena termina con Moon-Watcher lanzando su herramienta, la que después se convertirá en una nave espacial con una de las mayores elipsis de la Historia del cine.

Stanley Kubrick y Arthur C. Clarke muestran en el primer capítulo de sus respectivas obras las teorías dominantes en su época. En el libro “Orígenes. El universo, la vida, los humanos”, José María Bermúdez de Castro trata de responder a la pregunta ¿por qué somos bípedos? formulada dentro del capítulo “Andante”. Escribe el autor que tuvo mucho aceptación y resistió algo más de una década la propuesta “de Owen Lovejoy y Robert Ardrey, entre otros, que incidía en las ventajas que habría supuesto disponer de las manos para fabricar y transportar objetos”. Lovejoy y Ardrey formularon su hipótesis entre los años 1960 y 1970, la década en que se produjo y se estrenó “2001: una odisea del espacio” (1968).

Sigue Bermúdez de Castro detallando los descubrimientos posteriores que hicieron rechazar la propuesta de Lovejoy y Ardrey y que vemos en las secuencias que he analizado de la obra de Kubrick. Durante la década de 1970, Donald Johanson y Timothy White hallaron una colección de fósiles que bautizaron Australopithecus afarensis. Estos homínidos de más de tres millones de años caminaban erguidos. “Por el contrario, en aquellos años no existían datos fehacientes para argumentar que esta especie había fabricado herramientas”. Descartada quedó entonces la hipótesis de la bipedestación por la necesidad de usar las manos.

El bipedalismo de los homínidos surgió como una forma más de desplazamiento, combinada con la facilidad para trepar, que se hizo cada vez más necesaria para nuestros ancestros. Mucho más tarde en nuestro proceso evolutivo, la bipedestación ofreció “ventajas termorreguladores y la capacidad para usar las manos en funciones distintas”.

National Geographic en su edición especial “Orígenes de la Humanidad. Diez años de hallazgos” sitúa el nacimiento del bipedalismo 4,4 millones de años atrás, mientras que los útiles habrían aparecido casi dos millones de años después. En 1995, el propio Owen Lovejoy tuvo el privilegio de ver los restos recién excavados de Ardipithecus ramidus. La versátil anatomía esquelética de la especie de Ardi “le permitía moverse con seguridad a cuatro patas por las ramas y a dos patas por el suelo”.

También indican que “el cerebro grande llegó mucho más tarde; el de Ardi no era mayor que el de un chimpancé”. El fascinante hallazgo de esta especie desmonta las teorías que vemos en “2001: una odisea del espacio”. A partir de aquí surgen varias hipótesis que tratan de explicar esta adaptación evolutiva, aunque aún no se pueden validar.

Todos estos últimos descubrimientos confirman que el bipedalismo fue anterior a la aparición de las herramientas. Por lo que la película de Stanley Kubrick y el libro de Arthur C. Clarke empezarían hoy de forma muy distinta.


“2001: una odisea del espacio”. 1968. Stanley Kubrick.

“2001: una odisea del espacio”. 1968. Arthur C. Clarke. Ediciones Orbis. Traducción Antonio Ribera.

“Orígenes. El universo, la vida, los humanos”. 2015. Carlos Briones, Alberto Fernández Soto y José María Bermúdez de Castro. Crítica.

“Orígenes de la Humanidad. Diez años de hallazgos”. 2015. National Geographic. RBA Revistas.

“Días de cine – 50 años de ‘2001: una odisea en el espacio'”. RTVE.

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